Es cierto que ya puedo mostrarme y actuar con un desapego que hace diez años no creía que existiera, pero todavía queda demasiada empatía en mi. Demasiada proximidad al dolor ajeno que hace que me sienta culpable sin serlo. Abrazo a los clientes apoyándoles en su pérdida pero me sale de forma natural y acogedora, no me siento obligada, quiero hacerlo. Realizo semirrituales de preparación de cadáveres depositándolos con cuidado en cajitas en una posición en que parezca que se quedó dormido. Manejo adecuadamente los anestésico y los analgésico para que no sea el dolor lo que los torture. Comparto su dolor con vigias casi en hermandad, en la complicidad de mi cama, a la luz de la lámpara de mi mesita. Chiki murió en mi cama esputando sangre, abracé a Pilar con fuerza cuando pasó a verla y me encargué del cadáver. Braco murió dormido, sin acabar de despertar del estado semicomatoso en que le sumió el atropello, le ofrecí una pastilla tranquilizante y unas palmadas en la espalda a Eusebio. Este cachorrito prematuro y deforme abandonó el mundo en mis manos porque lo decidimos en acuerdo la dueña y yo. No se le excusaba hacerlo y no quería prolongar su agonía así que le puse a dormir con los arrullos propios de un bebé. Abracé a su dueña, una señora desconocida, mientras lloraba sin consuelo. La gata de la megapiómetra se me fue de las manos sin verlo venir, creyendo que había sido un éxito. No tuve la entereza suficiente para comunicárselo a sus dueños sin dejar de llorar. El cerebro dañado de Lola no soportó la anestesia, lloré con Rosario por horas, y sin ella por días...
A veces desearía no obtener esa carga de emociones, pero creo que entonces perdería mi esencia y dejaría de ser buena en lo que hago. Es curioso, como se disipa la vida en el momento en que los ojos dejan de brillar. Es curioso lo eternos que se hacen esos segundos, con el fonendo en los oídos, mientras administras la inyección y, sin embargo, en ocasiones, la luz se apaga ante tus máximos esfuerzos sin poder hacer nada...
El otro día le dije a mi madre que desearía tener el poder de la vida sobre la muerte, para no perder pacientes nunca...sigo deseándolo, pero comprendo que es un deseo egoísta y que está fuera de mi alcance tanto como debe...
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